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miércoles, 26 de marzo de 2008

NO SE PUEDE TAPAR EL INFIERNO CON UN ARNERO.

(informe sobre tareas previas al escrache a Carlos Sfulcini).

Parafraseando el viejo dicho sobre el cielo, podemos decir que por más intento que hubo de los “allegados” a Sfulcini no pudieron con la verdad, que no es otra que su participación en el infierno terrenal del genocidio al cual sirvió en las filas del Ejército Argentino.
Resulta que quisieron tapar la propaganda cada vez que salíamos a hacerla y hasta parecía que nos iban pisando los talones porque de la noche a la mañana siguiente, los afiches aparecían como se ven en la foto.
Y no fue una, sino varias veces las que lo hicieron. Por supuesto que esto no aminoró nuestra tarea. Hicimos lo que había que hacer y si tuvimos tantos afiches para pegar en tanto tiempo, se pegaron tantos afiches en el tiempo indicado. La única previsión fue aumentar la autodefensa por si la patota que anda en estas puerilidades se le ocurría portarse como antes, cuando no había manera de enfrentarlos. De hecho nosotros sostenemos que sí, que hay manera.
Como decíamos, el intento fue en vano: llamaba más la atención la manera de taparlos que los afiches mismos. Si el afiche informaba claramente sobre el escrache, la semidestrucción provocaba el interés por saber qué y por qué se tapaba.

Una mínima evaluación después de la primera ofensiva contra nuestra propaganda nos indicó, como decimos más arriba, que no había por qué detenerse, sino todo lo contrario, redoblar el esfuerzo y afirmar los cuidados.
Pero aunque se movieran en la noche de la desesperación, más se movieron las personas solidarias. De hecho nos enteramos de la primera salida de los fachos en el momento mismo en que lo estaban haciendo, porque  algunos que los vieron y nos los describieron, avisaron en la madrugada al teléfono de guardia de la UADH.
Esto nos parece importante y nos queda redoblada nuestra confianza en el pueblo que los vigila, como otras tantas veces ha hecho.
Alguien podría decir que “Sfulcini no está solo”. Más allá de esas malas compañías que son la única que puede tener, una miserable cohorte de amantes del crimen que lo rodean, efectivamente, no está solo. Está el ojo alerta de hombres y mujeres que contribuyen a escracharlos.
No es la UADH en exclusivo la que los señala. Es la conciencia de tantos que no olvidan, ni perdonan ni se reconcilian. Y en todo caso, si bien sostenemos y practicamos que no hay que abandonar este método de la denuncia popular de manera organizada, debemos sentirnos más que contentos de que nos supere la actividad de personas de buena leche. De la mejor.
Este informe lo hacemos simplemente porque nos ha reforzado la confianza en las fuerzas que anidan en los sectores populares, la misma que debiera animar a muchos compañeros que aún hoy no se atreven, o que han dejado de atreverse o que piensan que estas cosas los convierten en una “patrulla perdida”.
Anotamos solamente un detalle de lo que significó la acción de los que han pretendido tapar el infierno con un arnero: llamativamente la preocupación ha sido por borrar el nombre y la dirección de Carlos Sfulcini, no los crímenes que allí se denuncian y esto cofirma que estos impunes ratifican en todo caso que lo que hicieron es reivindicable. Nada más claro.

 

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CUADRO DE DESHONOR
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