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sábado, 03 de febrero de 2007

 

Somos un organismo de DDHH integrado con el objetivo de enfrentar de manera organizada la represión que necesariamente debe ejercer un sistema social injusto como el que padecemos, para lograr su sostenimiento.
Nos unen definiciones ideológicas y políticas que, llevadas consecuentemente a la práctica, nos diferencian de otras organizaciones que las convierten en pura retórica.

 

Un sistema de explotación de las amplias mayorías populares a manos de unos pocos sólo se sostiene con disciplinamiento social a través de la violencia y el terror. Caracterizamos al Estado capitalista como intrínsecamente terrorista, independientemente de las formas transitorias de gobierno que adopte. Cuando el avance de las luchas populares y la elevación de la conciencia social tienen su correlato en estructuras organizativas que enfrentan con decisión y ponen en riesgo la “pacífica” continuidad del sistema, rápidamente veremos mutar su forma “natural” de democracia burguesa hacia su verdadero rostro de dictadura implacable y bestial. No hay diferencias de fondo entre ambas caras: son distintas respuestas ante situaciones distintas. Todos los gobernantes, se denominen “demócratas”, dictadores o como quieran llamarse, tienen y tendrán un objetivo común: asegurar la vigencia y reproducción del sistema de opresión.
Sostenemos que en nuestro país existe una vinculación directa entre la impunidad de los genocidas de ayer y la represión social y política de hoy. Los desaparecidos, torturados y muertos de los 70 se continúan hoy en el gatillo fácil, la tolerancia cero, los masacrados en las comisarías y en toda la estructura represiva del Estado.

 

Desde la vuelta al régimen constitucional, hay decenas de muertos en el curso de las luchas populares, la desaparición de Julio López no hace más que confirmar la condición de terrorista del Estado capitalista. Nadie puede negar que ésta es una democracia con fusilados y desaparecidos.
Es que no hay otra forma de existencia de este sistema que no se base en la violencia. Ésta es imprescindible para que los explotados y excluidos que diariamente crea, se resignen a aceptar su miserable condición.

 

Es a partir de estas definiciones que asumimos al enemigo como tal y por lo tanto, nunca nos verán pisar, como muchos hoy hacen, las alfombras rojas de los poderosos como si fueran secretarios, diplomáticos o personal a su servicio. Y en verdad, algunos lo son aunque pretendan dialécticamente demostrar lo contrario. Porque, como se sabe, la fidelidad a los intereses históricos de la clase obrera y el pueblo, no se reduce a una cuestión de retórica: es un asunto de práctica.
Concebimos las libertades democráticas no como una concesión graciosa e inmutable de las clases dominantes, sino como una conquista de los trabajadores frente a la tendencia absolutista de los capitalistas. Innegable como es la lucha de clases, estas conquistas deben ser defendidas, ampliadas, ejercidas. No existe ningún “derecho” que pueda ser “reservado” al margen de su ejercicio concreto, y si fuera negado, corresponde poner freno a la dictadura de la clase capitalista, sin confiar como muchos, en que un gobierno de patrones garantiza por el solo apelativo de democrático, la protección de los mismos

Con estas definiciones nos unimos un conjunto de militantes -los menos, con años e historia y una mayoría de jóvenes que se incorporan a esta lucha- convencidos que la militancia en DDHH. no debe quedar circunscripta a la pelea por encarcelar a los genocidas de ayer, sino que debe tener como eje central sobre el cual actuar a un sistema que no duda en entronar a estos asesinos cuando la muerte cotidiana no alcanza. Eliminando a aquel se evitará a éstos.

 

Por eso, nuestra tarea no puede consistir sólo en el apoyo y defensa de las víctimas de la masacre capitalista cotidiana sino, especialmente, en la ayuda a desarrollar la organización necesaria que permita enfrentar y detener a las manos responsables del sufrimiento de nuestro pueblo. Y, cuando esa organización alcanza el nivel de confrontación que tantas veces ha protagonizado la clase trabajadora, nos comprometemos a impulsar la autodefensa en las calles, en la fábrica, en las escuelas, en todo lugar donde estén los trabajadores y el pueblo en lucha.
También sabemos –la historia lo demuestra- que la pelea consecuente contra este sistema nos demandará ir más allá de la solidaridad y participación en esas luchas: requerirá también la defensa de los compañeros presos por luchar. Y allí estaremos.
Todos y cada uno de nuestros días son una pelea constante. Todos los días y todo el día.
Y esto no es una figura literaria: quien necesite puede llamarnos y ahí estará un compañero de guardia. Por él todos estamos alertas las 24 horas del día, de todos los días de todos estos años.
Nos hemos prometido descansar de esta vigilia cuando ya no sea necesaria porque las cosas hayan cambiado tanto que no hagamos falta. No lo decimos por cansancio, lo decimos porque soñamos. Soñamos con la inutilidad de la cartilla que repartimos contra la prepotencia y los abusos de los represores. Con que sus jefes estén en la basura de la Historia y su Estado entre los escombros simplemente recordatorios de lo que es el oprobio de la sociedad de clases.
Confiamos en ese futuro que representan quienes luchan contra la explotación, la opresión, la injusticia.
Aspiramos a que lo que hacemos cada día, soñando siempre, pero materialistas hasta los huesos, contribuya a acercarlo.
Así que nuestro objetivo no está tan lejos como algunos suponen, ni tan cerca como muchos quisiéramos. Cuestión de interpretaciones, la distancia. Cuestión de ciencia y voluntad de vencer, el objetivo.

En esta página tratamos de reflejar nuestra lucha en la denuncia contra el “gatillo fácil” de la policía; contra la pluma fácil de los jueces que los exculpan; contra la impunidad de los represores de ayer y de hoy y está presente el reclamo por los desaparecidos, asesinados, torturados, apaleados y perseguidos.

Las demás acreditaciones están a un clic de esta línea.

 
 
CUADRO DE DESHONOR
CARTILLA
 
portada susana